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Bikram Yoga: las sutilezas que el calor no deja ver

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Lo superficial: La secuencia de Bikram consta de 26 posturas de Hatha yoga y dos ejercicios de respiración o Pranayama. Este estilo de yoga es mundialmente conocido como Bikram Yoga o Hot Yoga. A lo largo y ancho de este mundo, todas las salas, o “cámaras de la tortura de Bikram” como al Señor Bikram Choudhury le gusta llamarlas, están acondicionadas a 40 grados y a 40% de humedad.

Maite Aguirre

Ahora que ya todos hemos comenzado a juzgar, a crear opiniones formadas desde nuestras experiencias y linajes correspondientes, ahora que ya tenemos una idea preconcebida sin haber indagado un poco más, vamos a poner en práctica algo de la teoría del yoga que tanto escuchamos y que tanto decimos en las clases y vamos a quitar el ego de la ecuación.

Dejadme que os introduzca en las sutilezas del mundo de Bikram, en el más allá de lo que la polémica creada alrededor de su portavoz y el sudor no deja ver.

Para todos aquellos que todo esto os suene un poco a chino en lugar de a hindú, brevemente os introduciré en la historia del imperio Bikram. Según clama la autobiografía de Bikram Choudhury, sus padres lo confiaron al que se convertiría en su gurú, Bishnu Ghosh y hermano menor de Paramahansa Yogananda, a los 5 años de edad. Rápidamente Bikram se convertiría en su discípulo predilecto, es por ello que, tras una lesión que machacó las rodillas de Bikram, Gosh lo ayudó a recuperarse de un destino fatal a través de la repetición continua de sus 84 posturas. Fue tal el resurgimiento de las cenizas de Bikram que juntos Gosh y él se embarcaron en un viaje por la India para dar a conocer los beneficios tanto físicos como mentales de dichas posturas. En su lecho de muerte, Bishnu Gosh, le comunicó a Bikram que su karma yoga, su destino en esta vida, sería la de propagar y dar a conocer el yoga en el mundo. Saltándome ciertos detalles de la autobiografía que si os pica la curiosidad ya la leeréis (os advierto es sorprendentemente divertida si la miras desde el ángulo adecuado), Bikram Choudhury llegó a Los Ángeles, tierra en la que cualquier sueño puede hacerse realidad. Claro está, tal y como sucedería en una película de Hollywood, se convirtió en el guía físico y mental de todos los actores. El faranduleo más la efectividad de su secuencia, la cual adaptó a 26 de las 84 iniciales de su gurú, resultó ser una muy buena receta. La popularidad de Bikram creció como la espuma y como Bikram, a día de hoy, no ha desarrollado el don de la omnipresencia, tuvo que inventar un sistema que le permitiera propagar su palabra tal y como su gurú le vaticinó: comenzó a certificar profesores. Y es por ello que a día de hoy millones y millones de personas acuden a diferentes centros a flexionar, comprimir y ejercer torsiones a su espalda todos los días.

Más allá de mi ironía, que se de buena mano lo pasionales que podemos llegar a ser los que estamos en el mundo de Bikram yoga, esta vez, para los que viven y respiran de esta secuencia, también para vosotros, tratad de sacar el ego de la ecuación. Advertencia, que no comulgue con muchas de la excentricidades, no quiere decir que no respete al 100% el bien que indudablemente la secuencia de las 26 posturas aporta a todas aquellas personas que ponen un pie en una clase. Por ello, por el bien que aporta, estaré eternamente agradecida a Bikram Choudhury, a Bishnu Gosh y a la India por ser tal la fuente de sabiduría. Dado que experimenté sus beneficios en primera persona, en esta película de mi vida en la cual yo soy la protagonista, decidí certificarme como profesora. Eso sí, la parte de las excentricidades caló hondo en mi y por ello, he decido guardar mis distancias para no perderme.

Bikram yoga Madrid | Californian Hot Yoga

Gracias a esta distancia tuve la oportunidad de abrir un poco más mi mente y me embarqué en un viaje de 4 meses en los que dicté esta maravillosa secuencia con una ligera diferencia: el calor lo proveía directamente el sol que calentaba todos los días las playas de Costa Rica. Tenía claro que mi propuesta iba a ser un éxito, las 26 posturas pueden ser realizas por la mayoría de los mortales y el hecho de que el calor no fuera un factor intimidatorio, hizo que todas mis clases se llenaran de personas con ganas de conectar consigo mismos en su periodo vacacional.

Durante mi práctica personal de la secuencia, rápidamente llegué a la conclusión de que sin el calor el objetivo es completamente diferente. Si la extenuación en una clase a 40 grados es uno de los objetivos principales, la adquisición de una conciencia corporal mayor dentro de las posturas es el objetivo de una clase con 20 grados menos. El calor hace que tus pulsaciones suban, de esta manera se añade el ejercicio cardiovascular que las actividades isométricas no generan. Realizar sin sudor los agarres que tan importantes son en muchas de las posturas del Hatha yoga hace que automáticamente tu postura mejore. Y dado que la definición de una actividad isométrica es buscar la precisión y la quietud, indudablemente, sin manos resbalándose y sin tener que realizar un esfuerzo mayor por tratar de mantener una respiración normal, la isometría se dará mucho mejor sin calor. A día de hoy, yo alterno mi práctica con y sin calor, así he conseguido mejorar mis posturas pero no he renunciado a esa sensación de extenuación que a mi cuerpo y a mi mente tanto le gusta después de sudar hasta lo que no está escrito.

Pero y entonces, ¿por qué no limitarse a las clases de Hatha o de Vinyasa? Como he dicho al comienzo, la secuencia de las 26 posturas (ya sea en calor o sin calor) está llena de sutilezas que no se ven a simple vista, ni tan siquiera con un centenar de clases a las espaldas. Empezaré por la sutileza más evidente para así crear una paradoja, y es que, el hecho de practicar las mismas 26 posturas una y otra vez en el mismo orden, permiten ver en un muy corto plazo el avance que un cuerpo puede realizar, las tensiones que se liberan y el espacio que se crea en el cuerpo para empezar a ganar más fuerza y flexibilidad.

Secretos del Bikram Yoga

Otra de los secretos escondidos radica en el orden de las posturas ya que una postura complementa a la siguiente. Es así como se comienza con estirar la columna por los cuatro costados para poder curvarla mejor a la hora de continuar con el calentamiento de las piernas y asimismo se calientan las piernas primero para dar paso a las posturas de balance sobre una sola pierna. Toda postura va subiendo el nivel de ejercicio aplicado a los músculos y a las columna vertebral para así poder llegar a las posturas de suelo donde las mayores compresiones, extensiones y torsiones son realizadas.

Por último, una de las mayores sutilezas es la meditación en movimiento. Al comienzo de la clase todo alumno escucha la frase “Bienvenidos a esta práctica de la meditación en movimiento”, palabras que a pesar de escuchar día tras día ni los alumnos más avanzados de la secuencia logran entender. La meditación implica salirse de la mente, estar presente en el momento, y es aquí, donde la repetición de las mismas 26 posturas y la falta de demostración por parte del profesor toman tanta importancia.

Aquí está, señoras y señores, el meollo de la cuestión. Es simple, estás tú enfrentándote a ti mismo en el espejo durante 90 minutos. 90 minutos en los que se pasan por todos los colores del espectro, felicidad, incomodidad, relajación y probablemente frustración, y ante todas ellas, tú eres la persona que afronta y que supera, no juzgas, ni te congratulas, ni te autoflagelas, simplemente observas y ese aprendizaje, lo extrapolas a tu vida. Con el fin de respetar esta íntima relación que se está dando entre tú y tu reflejo en el espejo, el profesor no se interpone realizando las posturas a la par de los alumnos. El profesor no es un referente, no es un rasero sobre el que todos se quieren medir, no existen las comparaciones, porque cada cuerpo es diferente y una misma asana no se verá nunca igual en dos cuerpos. El profesor es un guía, su voz es la herramienta gracias a la cual los alumnos entran en la meditación en movimiento. Y aquí, justo en este punto, redoble de tambores, llega mi punto favorito: el alumno que sale de su mente, el alumno que está en meditación, está presente en el momento, atento a cada palabra que sale de la boca de su profesor, y por tanto, no se adelanta cual robot automático. Y esto, es algo muy difícil de conseguir. Algún día pondré números al asunto y podré decir el sinfín de veces que en cada clase los alumnos de todos los niveles, pero sobre todo los avanzados, van adelantados a las pautas que estoy dictando. Es completamente entendible, 26 posturas, en el mismo orden, día tras día, proporciona una gran tentación a la mente para desconectar y poder hacer las posturas sin estar comprometido con el aquí y el ahora. Et voilà, la mayor sutileza de la secuencia es la que provee la mayor liberación de todas, salirse de la mente, sentir tu cuerpo, conectar con las palabras del profesor y adaptarlas a tu cuerpo único e irrepetible.

Para todas las personas que creen que meditar sólo se puede realizar sentado con las piernas cruzadas, aquí les tengo el mejor de los retos. Quedan todos invitados.

Por Maite Aguirre

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